Era una cálida noche de verano, en la que él había preparado la cita más importante de su vida.
Todo pasaba tal cual como lo había planeado, pero, pero ella no era la misma. Tan bella como la más deseada flor, tan débil como la espuma, tan dulce como el azucar. Pero esa noche, era distinta, algo la había cambiado.
Esa noche, ella conocia su sentimiento y estaba preparada, estaba segura de si misma.
De esa misma forma, se lanzo a sus brazos, a su cuello, a sus labios.
La luz tenue, las velas a su alrededor desrrochaban ese olor a vainilla.
La ropa, era lo único que se interponia entre ellos, esos cuerpos deseosos de amor, de pasión, de lujuría hasta el amanecer. Sus miradas lo decian todo, desde un "te quiero" hasta un "deseo saborear tu piel".
No hay comentarios:
Publicar un comentario